|
HUMILDAD vs ORGULLO
Miercoles 30 de Septiembre 2009
¿Le ha pasado que en ocasiones nos llegamos a sentir que somos los únicos que podemos llegar a lograr algo?... ¿Qué somos personas importantes y grandes en la vida?... Y esto no hablando del concepto que Dios tiene de nosotros... sino del concepto que nosotros hemos llegado a desarrollar por nosotros mismos... concepto basado en nuestras habilidades, en nuestras fuerzas y en nuestros logros... A esto se le llama ORGULLO.
La Biblia dice (Santiago.4:6b) "Dios resiste a los soberbios y da Gracia a los humildes"... La palabra "resistir" también se traduce como avergonzar, opacar, exhibir, humillar... etc. Por favor lea con atención la siguiente historia y aprendamos de ella...
.
Un hombre que acababa de ser elegido al Parlamento Británico llevó su familia a Londres. Se sintió importante y orgulloso con su familia mientras les contaba de su nuevo empleo... Los llevó a hacer un recorrido por la ciudad. Cuando entraron en la Abadía de Westminster, su hija de 8 años se quedó pasmada por el tamaño de la magnífica estructura. Su orgulloso padre le preguntó: Querida, ¿en qué estás pensando? Ella contestó: Papi, estaba pensando en lo grande que eres en nuestra casa, y lo pequeño que te ves tú aquí.
Sin saberlo, aquella niña dijo algo que su padre necesitaba escuchar... El orgullo puede infiltrarse en nuestra vida muy fácilmente sin darnos cuenta, y de vez en cuando, es bueno que a uno "le bajen los humos"... Necesitamos recordar que no hemos de tener un concepto de nosotros más alto que el debido (Romanos 12:3).
Es fácil llegar a ser orgulloso cuando nos quedamos en nuestros propios círculos de la vida... Pero cuando por situaciones de la vida somos arrojados en situaciones más grandes, con mayores demandas, presiones y competencia, nos impactamos al darnos cuenta de que los peces grandes de lagunas pequeñas se encogen rápidamente en un océano grande.
Recordemos siempre la escritura de Santiago.4:6 que dice... Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes... Así que pidamos al Señor que nos ayude a vernos como realmente somos. Con su ayuda, aprenderemos a deshacernos del necio orgullo que tarde que temprano terminara por destruirnos.
(Romanos. 12:3) Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.
Que el Señor Bendiga tu vida hoy... JYC
|